Encuentro de mujeres para el camino ecuménico Coordinación Alejandra Scafati

Respuestas a las preguntas planteadas por Alberto Gonzalez Ramagli Co-Coordinador de RIEH Uruguay

Las siguientes respuestas son el resultado de un trabajo colectivo asumido por algunas compañeras que forman parte del Proyecto Caminos. Constituimos un colectivo de mujeres que nos reunimos por ser Feministas Cristianas y nos proponemos caminar junto a trabajadoras sexuales y sus hijos en busca de su desarrollo personal y el nuestro.

Las autoras son Roxana Nápoli pastora de la Iglesia Centro Cristiano Nueva Vida, Alicia Gil trabajadora social, Cristina Grela fundadora de Mujeres por el derecho a decidir y feminista de la primera hora en Uruguay.  Ha coordinado este articulo Alejandra Scafati, sociologa y educadora biocéntrica. Integran este colectivo Caren Machado Hna. Del Verbo Encarnado, Noemi Odiotti facilitadora de Biodanza y educadora Biocentrica, Mari Larrosa profesora de Historia y miembro de la Institución Teresiana

  • Porque surge la necesidad /idea de un encuentro de mujeres para el camino ecuménico?

En medio de una sociedad agrietada, la necesidad del encuentro, el dialogo y la escucha ente

mujeres de diferentes credos, con liturgias muy distintas pero unidas en propósitos en común que conlleva el bienestar de otras mujeres, dejar una huella, contribuir de manera explícita a la equidad, abrazamos la “sororidad “como forma de vida. Esta palabra se traduce por hermandad, confianza, fidelidad, apoyo y reconocimiento ente mujeres para construir un mundo diferente.

La necesidad surge del corazón de las mismas mujeres entendiendo que juntas pueden mucho más que fraccionadas que pueden llevar a cabo procesos interesantes al unirse en objetivos en común.

Como mujeres de fe, nuestro compromiso con la causa de Jesus de Nazaret y nuestra fe en un Dios liberador nos impulsa a llevar liberación y transformación donde existe la injusticia, violencia o negación de la dignidad humana.

Nos encontramos desde el amor al prójimo, la empatía, la solidaridad, el compañerismo, entendemos que esa es nuestra revolución, la del amor y la esperanza.

 2)  ¿Cuáles son las actitudes, conductas o sentimientos a partir de los cuales se constituye una unidad desde las diferencias?

Vamos a responder desde la experiencia que desarrollamos en el Proyecto Caminos que nos vincula desde la sororidad con trabajadoras sexuales y sus hijos.

Pensar en actitudes, sentimientos para construir unidad desde la diferencia hace necesario considerar los testimonios de vida de mujeres trabajadoras sexuales, que dan cuenta de sus propias estrategias de sobrevivencia para alcanzar el goce de sus derechos humanos.

A pesar de cambios sociales que se vienen gestando, es necesario recordar el estigma que aún continúan viviendo, ellas y sus familias. Muchas veces son sometidas a la burla social, viviendo en clandestinidad y sometidas al acoso.

Por ello nos interpelan preguntas: ¿Cuáles serían sus sueños, sus ilusiones y sus dolores?

En tal sentido podríamos responder que, desde la 'Pedagogía del Cuidado' y con metodología y enfoque biocentrico es posible crear espacios de afecto, de contención, que favorecen la construcción íntima y personal de respuestas a esas preguntas, que las ayude a cuidarse, a prevenir la violencia y resguardar la propia vida de aquello que hace daño.

En estos espacios tiene que haber un compromiso de habilitar la reflexión sobre los desafíos de compatibilizar vida familiar/ laboral y educación de sus hijos. Compartir miedos, preocupaciones, deseos, logros y expectativas que permitan pensar prácticas de crianza respetuosas de los derechos de sus hijos.

El fortalecimiento de los vínculos es el factor esencial para posibilitar el desarrollo de las capacidades personales, grupales y sociales. El enfoque de derechos humanos, la perspectiva de género, nos dan luz para favorecer el desarrollo de las personas y sus potencialidades con un sentido ético, de autonomía, y de promoción de la convivencia positiva.

La metodología participativa en los diversos espacios de encuentro grupales, permiten fortalecer las “habilidades sociales y comunicacionales “. Las experiencias de interacción social ayudan a la convivencia, a vivir-con y a gestionar los conflictos que surgen de la vida misma.

3)¿Como impacta en estos procesos la condición de la mujer en la sociedad actual?

El mundo en el que vivimos y nuestras sociedades se han construido en tiempos de individualismo, liberalismo y valor de lo personal con grandes luchas para logros grupales y que tengan eco en la sociedad en su conjunto.

A eso debemos agregarle la milenaria Era Patriarcal donde son las personas del sexo masculino las que tienen y ejercen el poder tanto en el ámbito político ocupándolo todo y así  como en el privado ejerciendo la autoridad en el mismo.

Sin embargo, y por esa condición, son las mujeres las que ocupan los lugares de las tareas domésticas, el cuidado de los hijos u otros adultos, las familias, y aportando sus horas de trabajo invisible para salvaguardar y dar importancia y contenidos al sentir de las personas y aglutinando los núcleos que integran con afecto y conocimiento aprendido.

Ese aprendizaje es largo y costoso así como lograr autonomía y fuerza para expresarlo y ser aceptado. Es entonces que tanto opiniones, acciones y decisiones de las mujeres se tienen poco en cuenta cuando no son absolutamente sacadas de consideración.

Cuando sugerimos grupos ecuménicos, comenzamos a considerar el grupo con valor, los matices con respeto y a las mujeres como iguales. Empezamos a hacer grandes cambios en la cultura, la justicia, los derechos y también en la sociedad.

Este es un cambio imprescindible para tener diálogos nuevos, integradores de lo público y lo privado , conciliando y enriqueciendo los equipos y la mirada integral de los hechos así como las soluciones que pueden estar en juego o ponerse en práctica.

En las últimas décadas el papel de la mujer ha cambiado considerablemente y las voces unidas parecen encontrar el cauce para ser escuchadas  y respetadas. Salimos del ámbito doméstico al espacio público y sentimos en la sororidad nuestra fuerza y nuestra meta, pues desarrollándola vamos hacia una sociedad más justa, donde el amor no sea mercancía o una palabra banalizada,  sino el espacio del encuentro y la valoración de la persona humana sea cual sea su definición sexual, su raza, su lugar en la sociedad. Buscamos y encontramos en estos Caminos sinuosos y sin mapa de ruta el encuentro con otras y otros, construyendo una nueva sensibilidad ante las grandes Ideas de Justicia, Amor e Igualdad para que dejen de ser palabras y se conviertan en hechos.